#RutaPerú: inversión privada y generación de igualdad de oportunidades son indispensables para el crecimiento del país

  • IPAE Asociación Empresarial presenta la Ruta Perú: “Del crecimiento económico al desarrollo”, elaborada por el exministro de Economía, Waldo Mendoza.

Lima, abril de 2022. – No hay desarrollo sin crecimiento. Con crecimiento alto y sostenido, muchos problemas pueden resolverse; sin él, muy pocos o ninguno. Hoy, más que nunca, necesitamos impulsar el crecimiento económico del país para afrontar la crisis que venimos atravesando por el alza de precios originada por la guerra en Ucrania y la situación económica mundial, que impacta sobre todo en la población más vulnerable.

Para continuar reduciendo la pobreza y cerrar las brechas que existen en el país se requiere retomar el crecimiento económico que en el largo plazo depende de la inversión privada y la apertura comercial. Para apoyar al país en el camino hacia esta necesaria meta, IPAE Asociación Empresarial ha elaborado la Ruta Perú: “Una vía para transitar del crecimiento económico al desarrollo”. Este documento, elaborado por Waldo Mendoza, exministro de Economía y profesor del Departamento de Economía de la PUCP, contiene una serie de recomendaciones para la implementación de medidas que permitan dinamizar la economía, promover el crecimiento económico y, a partir de esto, potenciar el desarrollo del país. Recomendaciones que urge se tomen en consideración frente al deterioro dramático de la calidad de la gestión pública en el actual gobierno.

En esta #RutaPerú se reflexiona sobre los grandes determinantes del crecimiento: la inversión privada y la apertura comercial. Así, en las tres últimas décadas se impulsó la primera a través de estrategias transversales como las políticas de estabilización y la apertura comercial de principios de la década de 1990, los artículos 60 y 62 de la Constitución Política de 1993 y los tratados de libre comercio. Además, se implementaron políticas sectoriales dirigidas a la minería y a la agroexportación, con un avance formidable en ambos sectores. Como resultado, el ritmo de crecimiento anual promedio de la inversión privada pasó de 2.1% en la década de los 80 a 7.2% en las siguientes tres. Asimismo, el efecto más importante del crecimiento económico en este periodo ha sido la reducción de la pobreza que bajó de más de la mitad de la población en 1997 a un poco más de la quinta parte en 2019 (pre pandemia).

Hoy, se requieren de medidas urgentes para lograr el desarrollo económico de toda la ciudadanía. Para lograrlo, se presentan tres medidas fundamentales.

  1. Para contribuir al tránsito del crecimiento al desarrollo económico, la política pública debe concentrar la atención en dos variables macroeconómicas y socialmente importantes: el crecimiento económico y la igualdad de oportunidades para los niños.
  2. Como el determinante más importante del desarrollo económico es el crecimiento económico alto y sostenido del PBI, urge restablecerlo. Para ese objetivo, hay que aprovechar la institucionalidad a favor de la inversión construida con las políticas transversales de las últimas tres décadas; no retroceder en lo avanzado y complementarlo con políticas sectoriales que se aproximen a las aplicadas exitosamente en la minería y la agroexportación.
  3. Pero el crecimiento económico es solo una condición necesaria para el desarrollo económico. Una de las vías para alcanzar el desarrollo económico, y contribuir al mismo tiempo, en el largo plazo, al crecimiento económico, es una política universal de igualación de oportunidades para los niños mediante la provisión de bienes y servicios básicos de calidad (por ejemplo, educación, agua, electricidad y saneamiento), que se traduzca en una elevación rápida y sostenida del Índice de Oportunidades Humanas (indicador del Banco Mundial que permite medir el avance en la igualación de oportunidades). Esto requiere de decisión política y estrategias inteligentes, así como de recursos, los cuales provienen del crecimiento económico, que alimenta a la recaudación. No es posible, entonces, transitar al desarrollo sin pasar por el crecimiento económico.

El milagro económico peruano, admirado en todo el planeta, no hubiera sido posible sin la estabilidad y crecimiento que ha experimentado el país en las últimas tres décadas.  Su efecto más importante ha sido la reducción de la pobreza, que descendió aproximadamente de 50% de la población en 1997 a cerca del 20% en el 2019. El determinante más importante del desarrollo económico que lo hizo posible es, sin duda, el crecimiento alto y sostenido del PBI. Con un crecimiento alto y sostenido, muchos problemas pueden resolverse; sin él, muy pocos o ninguno.

Puedes descargar la #RutaPerú en Desarrollo Nacional completa en: https://www.ipae.pe/wp-content/uploads/2022/04/Ruta-Peru-Del-crecimiento-economico-al-desarrollo.pdf

La #RutaPerú: “Del crecimiento económico al desarrollo” fue trabajada por Waldo Mendoza Bellido, Profesor del Departamento de Economía de a PUCP. El autor agradece la colaboración de Isaías Chalco, así como de los miembros del Comité Estratégico de Desarrollo Nacional de IPAE, en especial de Álvaro Monge, así como de (en orden alfabético): Miguel Jaramillo Baanante y Carolina Trivelli.

Acerca de IPAE Asociación Empresarial

IPAE es una asociación privada, independiente, sin fines de lucro, que convoca, reflexiona, propone y ejecuta iniciativas para el desarrollo de la institucionalidad, la economía de mercado, la empresa y la educación para hacer del Perú un país desarrollado. Desde hace 62 años, contribuye a la formación de instituciones e iniciativas como ESAN, SENATI, IPAE Escuela de Empresarios, CONFIEP, Identicole y Ponte en Carrera, entre muchas más. A lo largo de su vida institucional, IPAE ha consolidado los CADEs como los foros más reconocidos del país gracias a su continuidad y participación activa de los líderes del sector privado, público y la academia.

 

COLUMNA DE OPINIÓN – Gobierno vulnera derecho a educación

Por Elena Conterno, presidenta de IPAE Asociación Empresarial.

El artículo 16 de la Constitución contempla que “Es deber del Estado asegurar que nadie se vea impedido de recibir educación adecuada por razón de su situación económica o de limitaciones mentales o físicas. Se da prioridad a la educación en la asignación de recursos ordinarios del Presupuesto de la República”. Por su parte, el artículo 17 señala que “La educación inicial, primaria y secundaria son obligatorias. En las instituciones del Estado, la educación es gratuita.”

A pesar de que la Constitución resalta el derecho a acceder a educación, llevamos más de 18 meses con las instituciones educativas cerradas. De hecho, 95% de instituciones siguen cerradas y esto ha implicado que 245 mil alumnos ya hayan dejado la escuela.

La evidencia internacional compartida por organizaciones como UNICEF, Banco Mundial, BID, UNESCO sobre el impacto de mantener las escuelas cerradas es rotunda. Han señalado que la crisis de salud mental causada por el cierre será una pandemia peor que la del COVID-19. Que los estudiantes están expuestos a otros riesgos cuando se quedan en casa, entre ellos depresión, hambre, ansiedad, aislamiento, violencia y pérdida de aprendizajes.

A su vez, la evidencia de diversos países que han retornado a la educación presencial -manteniendo condiciones de bioseguridad– revela que no se han incrementado los contagios.

Hoy tenemos 86,210 colegios habilitados para el retorno a clases presenciales, pero de estos solo 8% lo ha hecho. Todos estos colegios deben retomar algún grado de presencialidad en lo que resta del 2021 y las clases presenciales deben retomarse en todos los colegios en marzo de 2022.

Los escolares, sus familias y todos los ciudadanos exigimos que el Ministro se comprometa con el pronto retorno y lo comunique enfáticamente a todo nivel.

Por cierto, esta situación evidencia que la educación ya figura como derecho en nuestra Constitución y que a pesar de ello no hay servicio. Convenzámonos que lo relevante es que el Estado cumpla con proveer un servicio de calidad, lo cual pasa por tener buenos ministros, funcionarios y profesores, y que todos ellos pongan a los estudiantes al centro de sus decisiones.

Fuente: Columna de Opinión publicada en el diario Correo el 16 de octubre de 2021