COLUMNA DE OPINIÓN – Institucionalidad y servicios de calidad

“Nací en una sociedad marcada por una profunda desigualdad. Crecí en medio de terrorismo, hiperinflación y recesión. En el futuro quiero que esta sociedad brinde iguales oportunidades de surgimiento a todos sus integrantes.” Así empezaba mi ensayo para postular a la maestría en administración pública que seguí hace 25 años.

Mi generación vivió las colas para comprar arroz, leche y otros productos básicos, la distribución a cuenta gotas de la poca agua potable disponible, los apagones constantes por destrucción de torres y falta de infraestructura eléctrica, y la permanente sensación de amenaza a la vida. Era común hacer referencia a la analogía del “síndrome de la rana hervida”, en que frente a un deterioro gradual no reaccionamos, como tampoco lo hace una rana que se pone en agua tibia que luego se lleva a ebullición.

Felizmente no nos cocimos en agua hirviendo. Se venció al terrorismo, las finanzas públicas se estabilizaron y la sostenibilidad fiscal se volvió un cimiento para el progreso del país. Se dinamizó la inversión privada, y crecimos de manera importante en producción y exportaciones, lo que permitió reducir la pobreza de 60% a 20%.

Aún falta mucho para brindar iguales oportunidades a todos, pero hemos avanzado de manera importante.

La generación del bicentenario probablemente plantee en sus ensayos que han vivido en una época de fuerte corrupción, desde jueces que negocian la justicia y mafiosos que entran a la política para defender sus intereses, hasta empresarios, presidentes y funcionarios que se distribuyen coimas en obras públicas. Plantearán además que los servicios de educación y salud son deficientes, la anemia sigue muy presente y, en el servicio de agua potable de Lima, los puestos se heredan.

Ellos tampoco se quieren cocer en agua hirviendo y han salido a protestar contra el uso abusivo de la política. Sumemos esfuerzos desde la academia, los empresarios, los funcionarios comprometidos, en fortalecer la democracia, la justicia y la institucionalidad, y también en poner a los ciudadanos al centro de la política social y los servicios básicos.

Abrigo la esperanza de que en 25 años, cuando los jóvenes de la generación del bicentenario vuelvan la mirada atrás, sientan la satisfacción de haber logrado un país que avanzó de manera importante en institucionalidad y servicios de calidad.

Columna de Opinión del Diario Correo publicada el 28 de noviembre del 2020.